Estaría llegando el virus funesiano a España

by 12:15:00 1 críticos literarios

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Comentaba no más llegar que la Conferencia Editorial 2011 había concentrado un grupo de profesionales interesados en los cambios que está viviendo el mundo del libro: que habíamos hablado entre nosotros, que nos habíamos escuchado, compartido informaciones, temores y posibilidades… Uno de ellos fue el editor artesano Lucas Funes Oliveira con quien coincidí en unos vinos la noche del 14 de septiembre en la librería Eterna Cadencia. Francisco González Táboas, de Opción Libros, me había comentado de su proyecto Editorial Funesiana, y fue una alegría conocerlo en la víspera de mi presentación sobre edición 21. Lucas además, trabaja hace varios años en el Centro Cultural Rojas de la UBA un poco como librero, un poco como agregador cultural, y un poco como estratega digital.

Funes es un pequeño editor artesano que se encuanderna sus propios libros, y con ese hilo cosimos una buena charla sobre su emprendimiento que además nos acerca su visión particular sobre la edición, esa otra edición en Buenos Aires, de la que forman parte junto a la funesiana nada menos que 300 editoriales.
Nos explicará cómo trabaja, cómo surgió el proyecto, cómo se relaciona con la comunidad literaria y los lectores, cómo fluye en la corriente cultural de la ciudad.
Lo más interesante es que Lucas, al afrontar él mismo la encuadernación de sus libros, determina una escala para su negocio editorial que le permite pensar, hacer y planear dentro de umbrales de posibilidad y satisfacción. Se verá como el valor de su trabajo no radica solo en soportar el sentido de una obra desde el autor a un público, sino en el énfasis de hacerlo de forma artesanal.
Lucas tiene un proyecto editorial definido y los recursos para manejarlo y dirigirlo según su personalidad. Un modelo de trabajo claro, simplificado y efectivo. Un plan estratégico compatible humanamente con el resto de tareas y obligaciones de la vida. Y una cuenta de explotación con unos porcentajes en cuanto a comercialización, ventas, reputación, red y ganancias que enviadiaría cualquier editor mayor.
Lo divertido de la Funesiana es que aunque con modales artesanos del libro en papel de toda la vida –no industrial–, articula un proyecto que bien se podría decir de edición 21: una valija portable con herramientas digitales básicas de edición, una buena página web y un buen perfil en Facebook & Twitter, y un taller de encuadernación, que le sirve también de almacén y centro de distribución.
Proyectos como éste plantean algunas verdades del hambre de editar cultura que las ganas de comer plata editorial suelen arrinconar: que hacer libros puede ser rentable, que la relación Internet / papel es fructífera y enriquecedora para toda la red, que existen lectores que leen en línea pero que valoran un trabajo artesano y pagan dinero por él, que existen precios pagables por los libros aunque todo sea discutible, que hay que trabajar duro para ser editor y que hay que trabajar duro para estar en el mercado editorial, pero que se puede disfrutar con el trabajo y pensar en colectivo desde la acción personal.
Y me deja pensando si el problema el sector no tendrá que ver más con los gastos a cubrir (cargas al libro) que con los logros cubiertos (el peso del placer libresco); relacionado con la Entropía editorial que comenta Joaquín Rodríguez, por ejemplo.

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Lucas Oliveira

Editor

Lucas Oliveira (1978), es editor de Funesiana, diseña libros electrónicos y en papel para distintos autores y proyectos editoriales. Publicó un libro de cuentos (Papel, Funesiana, 2006) y dos de poesía (Poesía para Gerentes, Funesiana, 2008 + Pura sangre busca establo, Funesiana, 2012), el ensayo “Conectados” (Editorial Kier, 2010) y participó de las antologías Buenos Aires. Escala 1:1 (Juan Terranova –comp.–, Entropía, 2007) 5 (El Quinteto de la Muerte, La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), La fiesta de la narrativa (El Quinteto de la Muerte, Una ventana ediciones, 2010), Fixture, un picadito austral (Malaletra + Chuy, 2016). Es encuadernador artesanal y actor-guitarrista-futbolista frustrado. No quiere perder el rock.