Cecilia Eraso: "El lector cómplice"

by 0:14:00 3 críticos literarios
1 poeta 10 preguntas
blog de Pablo Moreno
[ fuente ]

1- ¿Dónde se encuentra el germen de tu creación? Quizás, si es por el origen: ¿cómo te involucraste, cómo caíste? Y si es por el método: imagen, contenido, experiencia, sonido; ¿qué gatilla el poema?

Ah…la vieja pregunta por la génesis. Es difícil contestarla pero me animo a decir que suelen ser impresiones fuertes, algo que me fuerza a pensar o a sentir y para hacerlo completamente, como quiero, tengo que escribirlo. Eso que funciona como estímulo para la escritura suelen ser frases, canciones, lecturas, charlas, slogans, imágenes de la naturaleza.
El otro “origen” de mi escritura, el inicio biográfico, está perdido por suerte en la meseta de mi memoria poco amorosa con los detalles. Sí recuerdo que, de más grande, renegué mucho de la poesía: no la entendía, no la podía leer y eso me llenaba de prejuicios (o al revés, los tenía porque la desconocía) Le debo el empuje para volver a escribir a un taller literario que coordinaban Santiago Castellano y Mauro Lo Coco. Mauro fue fundamental en ese “recaer” en la poesía, siempre me hizo ver que yo ya hacía poesía en todo lo que escribía.

2- Las influencias son necesarias e inevitables, a veces hasta deseables pero ¿cómo logra liberarse de ellas? ¿Se es más libre cuando se han sacudido las influencias?

Creo que me libero de las influencias –y las tengo constantemente, ya sean de música, de lo que leo, de opiniones que respeto (demasiado quizás)- cuando no pienso en ellas, me despreocupo de si están o no, dejo esa tarea a los lectores porque total ya sé que su eco es inevitable en lo que escribo. La verdad es que a mí no me angustian tanto -como decía Harold Bloom- pero eso puede ser porque aún no disputo ningún lugar central en el canon, veremos qué pasa si alguna vez lo hago. Es que tampoco me preocupa más de de la cuenta ser “única”…

3- Cree que la poesía actual hecha en Argentina es comparable a aquella de los años vanguardistas construída en torno a la revista Martín Fierro y sus grupos de Florida y Boedo?

Creo que no pueden compararse para nada, pasaron tantas cosas en el campo cultural y literario argentino desde entonces que no creo que la poesía actual sea comparable ni siquiera a la poesía de hace 10 años. Respecto de la época del grupo Boedo puedo señalar desde cuestiones sociológicas muy obvias
como que los poetas dejamos de nuclearnos en grupos y andamos en frecuencia monádica hasta que lamentablemente la poesía ya no es un género tan leído como lo era en aquel entonces, ni su prestigio conserva. Y los debates en torno de la función social de la poesía o no, etc, que remiten a aquellos años ni empezaron allí ni creo que vayan a terminar, por suerte para la literatura que parece estar destinada a tener que estar siempre cuestionando sus fundamentos.

4-¿Qué te parecen los mecanismos alternativos de difusión de las obras poéticas? Que han sido alabados en igual medida que criticados.

Creo que como la pregunta misma lo expresa, hay mucho para alabar y mucho para criticar. Las editoriales artesanales e independientes que conocemos vía la FLIA por ejemplo, hacen conocer, difunden a autores como yo, que de otro modo seríamos desconocidos pero, como siempre, la dificultad en la distribución (problemas materiales concretos y también de concepción de la tarea) también suele atentar a la larga contra eso que se quiere construir: si el libro es poco leído o pasa desapercibido, anda, pero si crece, paradójicamente se vuelve un “problema” para las ediciones muy under.
Con respecto a la web, participo de una revista que nació y creció allí y ha conseguido gran número de lectores, pone a disponibilidad un montón de materiales inéditos en internet o en general, etc. Creo que la existencia de El interpretador es muestra de que la web es una gran vía de difusión pero que, como cualquier emprendimiento, requiere de mucho laburo de difusión, un laburo de hormiga para hacerse conocer en esa galaxia que es internet.

5- ¿Cuál es el pacto que estableces con el lector? ¿Es populista hacerse entender? ¿El virtuosismo, es soberbia?

Bueno, en general, y en contra de lo que predico como docente de talleres de escritura universitarios, no le doy mucha bola al lector al comenzar un libro, pero después cuando corrijo y corrijo sé que hago concesiones de legibilidad que a veces le duelen a mi ego creativo y también sé que muchas veces sacrifico la comunicabilidad por algo que me gusta más pero se entiende menos. De todos modos reconozco muchas zonas herméticas que dejo porque estéticamente producen algo más interesante que lo dicho de modo “más directo”. Pienso en un lector cómplice, claro, uno que goce de la musicalidad igual que yo y no sea muy obsesivo con el sentido acabado porque no lo hay muchas veces.
Ahora con respecto a hacerse entender no creo que sea populista si no está escrito con ese fin pedagógico que a veces se huele a kilómetros de distancia aún en poemas no entendibles fácilmente.

6-¿Creés que el poeta, como tal, tiene un compromiso social particular, o más bien se trata de una sensibilidad más expuesta a los males de la sociedad?

La poeta tiene el mismo compromiso con su sociedad y su trabajo que cualquier trabajador con su tarea cuando se trata de trabajo no alienado, desde luego. Si le atribuimos un rol diferente, mayor responsabilidad, será porque creemos aún que ser poeta es “ser especial” y yo no creo en eso. Me gusta pensar en la idea de Eliott: el poeta como quien trabaja con la lengua de su comunidad y se encarga de que esta sobreviva pero no para “conservar” sino fluyendo con ella y sus cambios.

7- Hay varios lugares comunes: toda poesía es política, el subjetivo es político, etc. ¿Cómo, según tú, se articularía lo político en literatura? ¿Desde el retrato? ¿ Desde la queja? ¿Desde la disección de la realidad?

Esta pregunta podría suscitar ensayos enteros y hasta libros (¡ojala
lo haga!) No puedo hacer más que simplificar groseramente pero así pasa a veces en las entrevistas: digamos que el primer y principal lugar político de la poesía se juega en la lengua, en el uso que se hace de ella, y por supuesto en la construcción del sujeto de la enunciación (¿quién habla, en nombre de quién, para quién?). Lo demás es anecdótico y puede variar en miles de combinaciones pero en esos dos niveles creo que hay que buscar la operación política que cada poema lleva a cabo con respecto a las tradiciones, los discursos sociales, lo pensable en determinada época, etc.

8- ¿Cuál fue el último libro de poesía que leíste?

Una antología hermosa bilingue de Haroldo de Campos que compré en la Feria del libro

9- ¿Cómo te sitúas en el dilema arte premeditado versus arte no premeditado; mapa del poema versus escritura sobre la carne caliente del asunto?

Bueno, no veo un dilema en eso sino tan solo diversos modos de los procesos de la escritura creativa. En mi caso, existe la llamada “escritura sin plan”, modo en el que escribí mis dos primeros libros de poemas y también existió el libro más conceptual, que partió de ideas previas como Isolario y el que estoy armando ahora. Es decir, la cuestión me parece más bien dialéctica y no dicotómica.

10- Según tu criterio ¿qué poeta vivo habría que releer en la actualidad?

Creo que Alberto Szpunberg es uno, sin duda. Y que habría que releer Cinco por uno de Arteca. Me parece también que hay algunos poetas de no hace mucho que no son tan leídos y tienen obras muy interesantes como Santiago Pintabona, Mauro Lo Coco y, quizás un poco más leída, Roberta Iannamico. Y a Carlos Martín Eguía, el poeta platense.

*

Lucas Oliveira

Editor

Lucas Oliveira (1978), es editor de Funesiana, diseña libros electrónicos y en papel para distintos autores y proyectos editoriales. Publicó un libro de cuentos (Papel, Funesiana, 2006) y dos de poesía (Poesía para Gerentes, Funesiana, 2008 + Pura sangre busca establo, Funesiana, 2012), el ensayo “Conectados” (Editorial Kier, 2010) y participó de las antologías Buenos Aires. Escala 1:1 (Juan Terranova –comp.–, Entropía, 2007) 5 (El Quinteto de la Muerte, La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), La fiesta de la narrativa (El Quinteto de la Muerte, Una ventana ediciones, 2010), Fixture, un picadito austral (Malaletra + Chuy, 2016). Es encuadernador artesanal y actor-guitarrista-futbolista frustrado. No quiere perder el rock.