Dejar de hacer libros: ni a palos

by 15:53:00 1 críticos literarios
Suplemento Joven
Miradas al Sur

Diego Sanchez ha escrito un artículo muy interesante sobre la nueva ola de las pequeñas editoriales que han confiado en migrar sus textos a formatos para aparatitos electrónicos. Para escribirlo ha convocado a varias personas para que contesten un pequeño cuestionario y, de esa manera, enterarse de primera mano sobre sus opiniones para formar la propia.
En el artículo está clarísimo que el viento nuevo de los eBooks alimenta nuestras búsquedas (a él como periodista y a mí como editor). Espero que se animen a leerlo para que ustedes también formen su opinión. Si hay algo de lo que este movimiento fresco y novedoso no puede prescindir es de la participación de los lectores.


Preguntas y respuestas
-ENTREVISTA COMPLETA-

¿Por qué decidiste empezar a editar en formato digital?

De un día para el otro tuve problemas de distribución. Ya no llego a los lugares donde creo que tengo que llegar. No sólo las librerías lejanas; hablo de Chile, Uruguay, España. No puedo enviar tan lejos un sobre con un libro de veinte pesos. Empecé a editar en formato digital justamente para darle difusión a los autores y sus títulos pero sólo porque sentí la demanda de esa curiosidad de los lectores en esas ubicaciones geográficas tan lejanas. Por desgracia, desconozco cómo cobrarlos por lo que opté (en esta etapa) por dejarlos para descarga gratuita. En ningún momento hago apología ni de venderlos ni de regalarlos; me hago cargo de la realidad de mi proyecto editorial, mis escasos recursos y conocimientos y los pocos lectores que andan desperdigados por ahí.
Sí hago apología del enorme trabajo que lleva cada uno de los libros (sea digital o encuadernado artesanalmente).

¿Cómo se volcó en esta faceta digital tu experiencia como editor "artesanal" (con esa relación tan material e íntima que tenés con el objeto libro)?

Más allá de que los libros como objeto funcionan como un catalizador de mis ideas de encuadernador, lo cierto es que el libro objeto no es la única faceta que existe en los editores artesanales. Lo que la mayoría no sabe (por falta de educación o pereza) es que gran cantidad de editoriales no se fijan ni en el diseño del interior del libro ni en el diseño del exterior del libro. O que salen con erratas que un gran público desconoce. Funesiana hace unos “exteriores” preciosos, tapa dura, cosidos a mano, con sobrecubierta. Con los eBooks puedo darme el lujo de exponer y exhibir el otro trabajo valioso que tiene la editorial y sus autores: la gramática, la sintaxis, las ideas. Son libros prolijos. Algunos son piñas en la boca pero son prolijas piñas en la boca. Trasladé ese esfuerzo artesanal dedicado a las tapas de los libros al interior; al texto. Entonces, corrijo una por una las erratas. Reviso una por una las comas. No publico muy seguido entonces, así como el autor, yo como editor conozco cada giro, cada coma, cada verso de los libros publicados por mis autores. Y eso es una enorme cantidad de líbido puesta al servicio de un libro para un lector que (imagino) es muy exigente. Dedico horas enteras a tratar de entender y volver comprensible solo una frase. En eso, creo, está presente esa relación íntima que tengo con los libros que hago.

¿De qué manera la edición y el consumo de libros digitales pueden cambiar las condiciones de recepción y producción? ¿Puede la literatura mantenerse "intocable" en esta sociedad de la información o le espera el destino del cine, la fotografía y la música?

No sé a qué viene la necesidad de que se mantenga “intocable”. ¿Intocable según quién? Los autores que publico son moldeados por la realidad, las redes sociales, otros autores que admiran, etc. No creo que se mantengan intocables como tampoco creo que ningún artista puede mantenerse intocable frente a la realidad que lo aqueja o modifica. Quizás, desde este medio, se ayuda a promocionar autores que juegan con “un sector” de la realidad que, claramente, modifican con sus libros y sus letras. Pero hay otro gran sector vivo, con lectores, con autores, que no aparece en los medios. Creo que por eso los eBooks generan tanto miedo a periodistas, críticos, académicos y editores: se acabaron las castas. Se acabaron las jerarquías. Ahora decide el lector. Si bien comprar un dispositivo es carísimo, hay libros que se leen online y modifican al lector. No sólo eso, también le dan el derecho a opinar sobre la obra. Cantidad de suplementos culturales que absurdamente hablan de libros que nadie puede leer: bueno, eso cambió. Cualquiera puede leer, cualquiera puede bajar. Es cuestión de ponerse las pilas para QUERER hacerlo. Y creo que se menosprecia a la humanidad cuando se quiere tapar este sol de lectores ávidos de libros con los dedos de periodistas o editores que ponen el grito en el cielo diciendo que a lo mejor “las librerías y las editoriales desaparecen” por la creación y proliferación de estos engendros electrónicos de exagerada promoción empresarial. Ya lo dice Mavrakis en su libro; o te adaptás o desaparecés.
Para adaptarse hay que aprender. Y aprender… pará, ¿aprender no era “bueno”?

¿Qué creés que falta para que el eBook se masifique o "prenda" en la sociedad argentina?

Me da la impresión que de los 40 millones de personas que habitan este país, menos de la mitad integra la “sociedad argentina”. De esa mitad, a un total aproximado de 5 millones de personas les interesa la “cultura”. De esos 5 millones, 1 millón está interesada en la parte de la cultura que refiere a los libros. Y de ese millón, 800 mil personas ya leen eBooks, solo que no lo sabían: páginas webs, blogs (en todas sus formas), mini-blogs (como el twitter), fotologs y poesía visual. Creo que en ese escaso espacio donde circulan los interesados en leer literatura están familiarizados con los eBooks. Si no “prendió” (digamos que no hay un gurú que sea masivo) es simplemente porque no se puede esperar (como en vetustos programas de lectura) que haya UN libro o UN autor (solamente) que sea la cara visible del movimiento que generaron estas nuevas costumbres de apropiación de textos. Ahora hay varios, muchos, miles.
El movimiento somos todos; los pequeños, medianos y grandes. Ya no hay intermediarios. Eso va contra “el sistema”. Los que no lo ven es porque; o forman parte del sistema o son ingenuos. Ahora no hace falta que un matón del mundillo literario te defienda y halague tus libros para que otros te lean; necesitás que lo que escribas esté realmente bueno porque lo que te hace falta (y esta especie de minirevolución ha puesto en relieve) son lectores y es muy difícil mantenerlos satisfechos porque son muy exigentes.
Es muy difícil escribir bien así que, inevitablemente, habrá que ir levantando la exigencia hacia los autores y las editoriales. Por eso mismo, estoy a favor de que la gente lea; sea en tablets, blogs, apuntes, libros encuadernados a mano o por máquinas. Creo que la Funesiana tiene una gran oportunidad para ofrecer sus libros en todos estos formatos, dialogando con los miles de lectores que están dispuestos a leer desde el lugar que les parezca más cómodo. Espero poder ofrecerles un estimulante espacio de lectura. Eso sí; si solo dependiera de los autores de esta pequeña editorial, la misión ha sido cumplida hace rato. De eso estoy más que seguro.


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Lucas Oliveira

Editor

Lucas Oliveira (1978), es editor de Funesiana, diseña libros electrónicos y en papel para distintos autores y proyectos editoriales. Publicó un libro de cuentos (Papel, Funesiana, 2006) y dos de poesía (Poesía para Gerentes, Funesiana, 2008 + Pura sangre busca establo, Funesiana, 2012), el ensayo “Conectados” (Editorial Kier, 2010) y participó de las antologías Buenos Aires. Escala 1:1 (Juan Terranova –comp.–, Entropía, 2007) 5 (El Quinteto de la Muerte, La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), La fiesta de la narrativa (El Quinteto de la Muerte, Una ventana ediciones, 2010), Fixture, un picadito austral (Malaletra + Chuy, 2016). Es encuadernador artesanal y actor-guitarrista-futbolista frustrado. No quiere perder el rock.