La poesía como introspección y disturbio

by 15:25:00 0 críticos literarios
Claudio Andrade
para el diario Río Negro
[fuente versión online]

Alfredo Jaramillo en uno de los más destacados poetas de su generación. Acaba de publicar, y agotar, su último libro: "Grunge", en papel y en CD. Radicado en Buenos Aires, Jaramillo conversó de su obra y su vida con "Río Negro".



Cada época engendra sus poetas malditos. Además de provocar revoluciones en las entrañas de la tradición, su imagen en llamas inspira el nacimiento de otros escritores que no necesariamente guardan el deseo de tirarse de cabeza al precipicio. Eso dejémoselo a Baudeliare, Sade o Rimbaud, que ya bastante han sufrido por el resto de la tropa literaria.
De todos modos, Alfredo Jaramillo difícilmente podría pasar un poeta de la corte. Un hecho que podemos comprobar en su nuevo libro "Grunge" (Editorial Funesiana). Su poesía es una descarga eléctrica.
Un rap entre furioso, descarnado y sarcástico. Un conjuro que busca tanto la caricia como la sangre de su oponente. Y desde ese lugar, su propia figura tiene algo de maldita, de creador en los bordes, de inventor desquiciado que procura hacer algo con la nada.
Aunque Jaramillo posee un rico historial desde el cual partir. Su tierra, su sur despojado, sus noches en vela, sus conversaciones entre lobos. Como tantos ha migrado y su cambio de aires ha resultado en una combinación explosiva. Ahora su poesía es la síntesis del desierto arañando las paredes de lo urbano. Bienvenida sea esta contradicción, de ella se nutre el poeta y a ella acudimos sus lectores para refrescarnos el alma. Queda explícito acá, Jaramillo es uno de los mejores de su generación de quien aun podemos esperar mucho más. Que su maldición nos involucre a todos.

¿Cuál es el deseo de un poeta creado, criado en el sur y luego marchado a la gran ciudad?

Bueno, en mi caso la poesía quizá no haya tenido que ver tan directa ni frontalmente con la decisión de venirme a Buenos Aires. Yo vivía en un monoambiente a media cuadra del Fonavi, donde intentaba encontrar una identidad profesional como joven becario, con un sueldo magro y sin demasiadas garantías de encontrar un trabajo que anudara las arritmias que movilizan a un chico de 24, recibido hace dos años y sobreestimulado por las expectativas de los demás (las instituciones, tu familia, los amigos, las estrechas posibilidades existenciales que en un momento parece brindar Neuquén). Así que irte lejos de las cosas que hasta entonces sostenían la estabilidad del mundo -después de haber leído algo de literatura, escuchado mucha música y ensayado bastante periodismo- era una opción arriesgada y divertida.

¿Cómo caracterizarías tu escritura? O bien, ¿cómo se la contarías a los niños?

Introspección y disturbio (bueno, eso no es mucho para los nenes pero sí una definición sintética de lo que me pasa cuando escribo). Si me aproximo a un código más abierto diría "música del interior", en el sentido literal: música que viene de adentro tuyo. Es una definición bastante estúpida y obvia, pero pega cien por ciento ahí: en la música que te dicta un poema, en la simbolización de las cosas que tenés adentro y un día te van a matar. Claro que después (y esto lo aprendí hablando con un montón de poetas que conocí acá) viene el barniz del género, es decir, una especie de acople que empieza a hacer tu lengua con el canon y la tradición. Digo esto y me parece un horror, claro, porque lo que te hace escribir en un principio no es un molde (aunque está claro que es imposible hablar por afuera de un género, aún por afuera de una lengua), sino el corazón.

Sos un referente generacional. ¿Me cuentas cómo es esa generación de la que saliste y que aglutina a gente del Alto Valle?

Hace unos meses estaba más convencido de lo que significaba formar parte y creer en la existencia de una generación, así, en general; hoy soy un poco más escéptico porque, a fin y al cabo, ¿qué es una generación?, ¿una camada?, ¿un cierto aire común respirado entre nosotros?, ¿el efecto que la época tiene en nuestras mentes, y los resultados dispares que provocan en cada uno? No lo sé, pero si tuviera que pensar en los términos de una generación, circunscripta a un tiempo (imposible pensar en un lugar, hoy, donde todos damos vueltas por internet como quien pasea su moto alrededor del monumento a San Martín), diría que pertenezco a un grupo de pibes infectados por la televisión y la tierra de la barda, que empezó a encontrar el camino de la liberación en las salidas clandestinas a La Colina a los 15 años; el 7º regimiento dulce fue nuestro ponche de ácido lisérgico, ahí, en medio de un ambiente donde empezó a gestarse una mitología que puede ser recuperada intacta hoy.

¿Cuáles son tus referentes culturales, tus fuentes artísticas de inspiración, tus nombres sagrados que atesoras o guardas en forma de música o libros o películas?

Uf, qué decirte, son muchas cosas que operan en un nivel inconsciente también, ¿no? Más allá de lo que uno pueda filtrar específicamente como influencias, hay cosas que están ahí atrás que supongo con los años podés establecer una filiación más clara. Igual tengo mi propia meca: Norman Mailer, y el periodismo norteamericano de los setenta, ese palo: ahí descubrí la luz, en las clases de periodismo de la facultad, esa fue mi primera literatura seria, ja, el periodismo. Claro que después vino la militancia y la fascinación por otras formas de realismo, conocer a María Esther Gilio y sus historias de los Tupamaros, Rodolfo Walsh, las biografías de Santucho y todo el bardo de la guerrilla, leí bastante de eso también, aunque si tuviera que señalar una referencia tremenda, de esas con las que tenés que lidiar de un modo en el que resulta difícil transferirla al campo de la poesía, diría la música, el rock que me transmitieron mis hermanos Luis y Juan, la estética de bandas como Marilyn Manson. Más acá en el tiempo, cuando empecé a meterme más en la poesía, los poemas de Damián Ríos, Fabián Casas, Mariano Blatt, Héctor Kalamicoy.

Te digo poeta en el nuevo milenio, ¿qué me respondes?

Bah, se siente igual que en el anterior, ¿no? Igual hay que meterle y ponerse a decir todo lo que haya para decir porque parece que en el 2012 afinan la Máquina de Dios y nos vamos todos a la mierda. Los mayas también dicen eso, que el mundo termina ese año, así que no habría que escatimar recursos a la hora de agitar.

¿Cómo se le escribe al amor en estos tiempos digitales?

Con densidad, con violencia; ahora entrás a Facebook o Twitter y estás histeriqueando con pibitas de cualquier lado, haciéndote el canchero, cuando en realidad estás más vacío y perturbado que Michael Jackson. Esta mierda (la del amor), se sabe, no es fácil. Y parece que se ha elegido vaciar el discurso acerca del amor, o mejor, pareciera que ahora lo in es no amar a nadie y estar en ese estado trotskista de levante permanente. Hay que volver a pensar el amor como una forma inestable y corrompida del descubrimiento personal. Por eso hay que hacerlo con honestidad. Todo habría que hacerlo con honestidad.

Y hablando de eso, yo tuve la oportunidad de leer tu libro en PDF. ¿Te pasaste al bando digital? (lo digo porque tu libro tiene una versión en CD).

Tiene una versión en CD por la sencilla razón de que la Editorial Funesiana (donde publiqué "Grunge") funciona a una escala muy pequeña, y al momento de presentar el libro en Roca se habían agotado los ejemplares impresos. Así que recurrí a eso, que sin duda reduce los costos de circulación, pero pierde la comodidad del libro que se lleva a todas partes.

Grunge Remasterizado
de Alfredo Jaramillo
disponible
en el catálogo
funesiano


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Lucas Oliveira

Editor

Lucas Oliveira (1978), es editor de Funesiana, diseña libros electrónicos y en papel para distintos autores y proyectos editoriales. Publicó un libro de cuentos (Papel, Funesiana, 2006) y dos de poesía (Poesía para Gerentes, Funesiana, 2008 + Pura sangre busca establo, Funesiana, 2012), el ensayo “Conectados” (Editorial Kier, 2010) y participó de las antologías Buenos Aires. Escala 1:1 (Juan Terranova –comp.–, Entropía, 2007) 5 (El Quinteto de la Muerte, La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), La fiesta de la narrativa (El Quinteto de la Muerte, Una ventana ediciones, 2010), Fixture, un picadito austral (Malaletra + Chuy, 2016). Es encuadernador artesanal y actor-guitarrista-futbolista frustrado. No quiere perder el rock.