El editar es cosa seria

by 22:03:00 0 críticos literarios
Pregunta
Recursos Editoriales
- junio de 2008 -
¿Cuál es el perfil de los sellos que editás?

Buscamos editar textos con cierto power, desparpajo, incorrección, ganas de triunfar, de ser bárbaros, de probar. Nuestra editorial (que no es una editorial propiamente dicha o, como diría Trillo Grubba, es la editorial más chica de latinoamérica) busca más o menos lo que buscan ustedes en Recursos Editoriales: talento. Nuestro scouting apunta a jóvenes escritores con proyección y compromiso con la literatura. Un compromiso que nadie nos paga debidamente. Buscamos pibxs con personalidad más que paracaidistas, oportunistas o piolas con buena pinta. A veces, los encontramos, otras veces no. Una falacia que me conmueve: no todo está perdido.
Nada se perdió, es cierto; se trata de una pose. Una pose que atrae a un público activo, un público que valora los libros y las apuestas, un público que entiende el valor de un tipo yendo al frente contra sus propias limitaciones (hablo de autor y editorial). Los lectores que buscamos también son de esos que tienen hormigas en el abierto, curiosos y hermosos por eso mismo. Queremos halagar al lector con una buena tipografía, buena presentación, tapa dura, algo exclusivamente para él, una forma de agradecer su elección y la búsqueda de autores tiene que ver con eso: que estimule, de solo leerlo, para largarse a escribir o romper todo.

¿Cuáles son las dificultades y oportunidades a las que te enfrentás actualmente a la hora de editar?

En principio, la tirada es una dificultad. La Editorial Funesiana publica 40 ejemplares de cada título. Eso es poco o poquísimo, según como se mire. De todas formas son las condiciones en las que se me ocurrió la editorial. No poder publicar me llevó a encuadernar mi primer libro de cuentos. En aquél entonces el papel no estaba tan caro como ahora. Y el hecho de que estuviera cosido por su propio autor agarraba el guante blanco y cacheteaba a más de un niño bien que se quejaba de no recibir la atención debida del psi o del editor. Como dice Glenda Vieytes, hay muchas cosas que el editor es para las cuales no está preparado. Esa es otra de las dificultades, nuestra escasa o nula experiencia. No solo en los errores típicos que puede tener cualquier editorial (erratas, diseño, tiempos de devolución y publicación) sino también al momento de apostar con autores o hacerse un lugar entre empresas editoriales.
Para no sufrir de úlcera apenas si me considero editor.
Otra dificultad son los mismos autores o el escaso público interesado en los libros. Es muy común que una editorial imprima 500 ejemplares de un título y una mitad se los entregue al autor (como muchísimo) y otra los guarde en un depósito o los distribuya en varias librerías sin los suficientes recursos logísticos para estar al tanto de cada uno de esos ejemplares (si se vendieron o no, etc) por lo tanto hay autores que estan acostumbrados (resignados) a regalar ejemplares u olvidarse de los libros pasados los 6 meses de publicado.
Hay editoriales que trabajan para que esto no pase (aunque suene imposible de creer) y es donde entra el trabajo de los estudiantes de Puán; el motor son las reseñas o críticas de libros. Sin embargo, se le da tan poca importancia a las reseñas que hoy en día se ven muchas donde apenas se habla del libro en lugar de ver una seria opinión estética o de debate sobre el autor o su literatura. Lo triste es que no se puede estar en desacuerdo sin generar un duelo a muerte con los distintos escritores y sus troups de tiernos mafiosos. Algo, por lo menos, adolescente para un ambiente literario que le pasa el trapo a muchos países en cuestión de escritores y libros publicados por año.
La cereza del postre vendrían a ser los estudiantes de Puán, que en lugar de estudiar para críticos literarios, la gran mayoría estudia para ser Escritor con la esperable frustración que esto implica por confundirse de parada de colectivo, digamos.

Releo mi respuesta y pareciera que no quiero estar donde estoy. Es cierto que podría hacer otra cosa pero no me sale. Y si me saliera tampoco la querría hacer. Me gusta el lugar en el que me puso la Editorial porque hay muchísimas buenas que devienen excelentes a medida que sacamos títulos. De algo estoy seguro, el trabajo de un editor o de una editorial no se puede medir en una cantidad x de títulos ni en una cantidad x de tiempo. Y por otro lado, no tengo apuro ni me molesta divertirme, algo que aprendí en la Vanguardia Literaria Open Gallo mientras relajaba con una cerveza.

¿Cuál es el libro que más te gustó editar? ¿Qué libro te hubiese gustado editar? ¿Qué libro hace falta editar? En cada uno de los casos, ¿por qué?

Todos en su momento tuvieron una clara razón por la que estaba muy bien editar ese libro. Los Pacoquis, de Levín, me permitió jugar con la presentación, es el libro que más tapas tiene. Córdoba – Buenos Aires – Rosario, es el resultado de un año de ir y venir con los cordobeses amigos del fútbol y las lecturas en vivo. Escolástica Peronista Ilustrada, de Carlos Godoy, es el que más satisfacciones me da a la hora de identificarme como parte de la editorial. La edición estuvo al cuidado de Juan Terranova que es el colaborador más fiel que tiene la Funesiana; es parte de la Editorial como primer socio y un buen complemento a la hora de bajarme un cambio para enfrentarme a la realidad. También estuvo a cargo de la edición de Grunge, de Alfredo Jaramillo y San Francisco / Córdoba de Luciano Lamberti (próximo a salir).
Editar a Jaramillo es otra de las satisfacciones más grande que me dio este trabajo ad honorem; arrancar poetas de otras provincias para exponerlos en una ciudad tan poco federalista me llena de orgullo. Hay que viajar un poco más. Hay que buscar jóvenes autores en las distintas provincias. Estuvimos con Terranova en Rafaela y vimos que está creciendo bastante el círculo literario. En Neuquén, también (de dónde viene Jaramillo), en Mendoza después de la pasada de El Quinteto de la Muerte y su lectura se animaron varios poetas a organizar sus propias lecturas. Me gustaría visitar más provincias y descubrir otros autores jóvenes (o no tanto). Descubrir nuevas formas de decir las cosas, nuevos “cómo” de otras ciudades. Textos con mate pero sin facón y bombacha apeando el caballo; para nada telúricos.
No puedo viajar tan seguido como quisiera pero el trabajo que hizo El Suri Porfiado en sus primeros diez títulos es más que refrescante. Eso habría que editar; autores de otras provincias acá en Buenos Aires que es “por donde pasa todo”. También me da un poco de tristeza aclarar que habría que editar más mujeres habiendo tantas y muy buenas. Rasgos de un mercado ubicado en un país machista y retrógrado.
Otro desafío es hacer libros baratos. Es una parte complicada pero en la Editorial estoy viendo la manera de implementarlo. Libros de más de 25 pesos ya casi no puedo comprar y es una pena. Las novedades o nouvelles a más de 35 me parecen una falta de respeto.
Me hubiera gustado editar Villa Celina, de Juan Dé Incardona o Berazachussetts de Leandro Avalos Blacha. Dos libros que cumplen con lo que busco además de ser divertidos y darte ganas de escribir.

¿Cuál es el rol del editor hoy en día?

No tengo ni la más puta idea. Cuesta encontrarle una tarea específica. Más que nada los editores tienen que cumplir con varios roles a la vez. En ese sentido concuerdo con Vieytes sobre lo de coach de escritores que no tiene nada que ver con revisar un texto o corregir una escena o erratas de un libro. Lo de crear una idea de realidad, que ella menciona, da una clave desde dónde lo dice. Habría que discutir seriamente los roles según el lugar que se ocupa. Crear una idea de realidad no es lo mismo si manejo un presupuesto exclusivamente para eso. Crear un autor de la nada, crear un autor desde abajo, publicar un primer libro no es lo mismo hacerlo desde la Editorial Funesiana que desde una empresa editorial con sede central en España. Muchos editores compiten con la Funesiana cuando deberían competir contra editoriales independientes más grandes (De la Flor, Del Zorzal, etc). Ahora, ¿independientes de qué? Ser editor independiente; qué lindo. Pero Lebenglick desde Adriana Hidalgo también es un editor independiente. ¿Los dos somos independientes? ¿Por qué no se discute hasta dónde llega la independencia? ¿Qué significa independencia? Si a las editoriales que le cobran a los autores les llaman editoriales de autor, me pregunto cómo se llamará a las que publican libros con subsidios del gobierno nacional o municipal.
Ya sé que somos todos independientes (sí, claro, después del pifie del Che en Bolivia creo que lo de “independencia” es un chamuyo de la Matrix que cada vez me cuesta tragar más) pero algunos son más dependientes de subsistir mediante apoyos estatales que por plata de los autores “porque no da”. Entonces, hay una proliferación de editoriales subsidiadas. Habría que dejarse de chiquilinadas y recategorizar a las editoriales según sus recursos y la ambición de cada una para que, en el momento de pedir un subsidio, no me pongan en la misma fila de Adriana Hidalgo porque resulta que los dos somos editores independientes. Es una estupidez marca cañón que con dos o tres reuniones serias termina de resolverse. Si yo pido un subsidio, deberían tener en cuenta que hago 40 ejemplares por título y no 3000. Pero como yo, hay varias editoriales encolumnadas en la enquilosada categoría de “independientes” pidiendo limosna como si nos hicieran un favor.
Entonces, el rol del editor, si puedo acercarme a una respuesta, debería tratar de ubicar y hacerse ubicar donde corresponde. Con tanta nueva editorial, habría que hacer públicas las discusiones desde donde transformar el campo cultural. No solo se trata de aprender el timming para publicar un autor o un texto específico. También hay que juntarse a discutir por qué y para qué sirve tener distintos mercados (tipos de lectores) que no tienen problema en ir a buscar libros a El Ateneo o a la Feria del Libro Independiente y Alternativa. Y para todo esto, hay que organizarse. El rol de hoy en día tiene que ver con buscar cómo ganar un espacio mayor en el mercado y se ve que si te mandás solo te quedás solo.

Una pequeña reflexión acerca del presente del libro teniendo en cuenta las nuevas tecnologías y soportes.

El libro está vivito y coleando. Los blogs, los flogs, los mensajes de texto, los mails y toda esa enfermante cantidad de nuevas formas de expresión no reemplazan al talento en lo más mínimo. En los libros o en los blogs se pueden encontrar grandes escritores. Las diversas alarmas de las nuevas tecnologías o el problema de la “desaparición” de los libros (sísí, una exageración tan grande que me recuerda a Garcette, “la imaginación de la gente nunca se acerca a la realidad”) son formas de operar en diversos medios culturales para vender más y más a través de la noticia y la novedad que nada tienen que ver con sentarse a escribir (sea una máquina de escribir, una computadora, la palm, el cyber, un celular). La enorme cantidad de blogs o el amplio desarrollo de e-books solo pueden incrementar y potenciar al libro. No hay nada que compita contra el libro más allá de otro libro. Mientras las máquinas no tomen el poder seguirán siendo herramientas para lograr objetivos muy simples y a la vez complejos: hacer literatura. Y para eso, vale todo. Hasta los graffitis en los muros o las puertas de los baños.


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Lucas Oliveira

Editor

Lucas Oliveira (1978), es editor de Funesiana, diseña libros electrónicos y en papel para distintos autores y proyectos editoriales. Publicó un libro de cuentos (Papel, Funesiana, 2006) y dos de poesía (Poesía para Gerentes, Funesiana, 2008 + Pura sangre busca establo, Funesiana, 2012), el ensayo “Conectados” (Editorial Kier, 2010) y participó de las antologías Buenos Aires. Escala 1:1 (Juan Terranova –comp.–, Entropía, 2007) 5 (El Quinteto de la Muerte, La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), La fiesta de la narrativa (El Quinteto de la Muerte, Una ventana ediciones, 2010), Fixture, un picadito austral (Malaletra + Chuy, 2016). Es encuadernador artesanal y actor-guitarrista-futbolista frustrado. No quiere perder el rock.